Aprender
a decir no
La aquiescencia es un fenómeno muy común entre
los seres humanos. Nos es difícil negarnos a una
propuesta, decir no a una cita, y al final siempre acabamos
lamentándonos de haber asentido.
Hay una serie de características o "manías"
personales que influyen a hacernos más propensos
a la aquiescencia. Hay que eliminar aquellas actividades,
tareas, comportamientos o situaciones que no son realmente
necesarias y a las que le damos importancia para aprender
a no ser tan aquiescentes. Por ejemplo:
- Querer ser la primera persona en ser informada en todo
y en todos los detalles.
- Practicar el perfeccionismo y hacerlo todo, controlar
todo y delegar sólo las tareas que no tienen ninguna
importancia.
- Asegurarse al máximo, en caso de que surjan problemas,
acumulando pruebas o documentos para poder esgrimir una
justificación a posteriori.
- Creerse obligado a intervenir en todos los trabajos.
- Tener una idea excesivamente alta de su función
y creer que la propia presencia es indispensable.
Estas características personales influyen directamente
en la aquiescencia ya que, por lo que pueda pasar, siempre
tenderemos a abarcarlo todo. El resultado va a ser lo que
el refranero español afirma de que "el que mucho
abarca, poco aprieta".
Hay que liberarse de aquellas "cualidades" personales
cuando éstas se convierten en defectos. un comportamiento
que se desarrolla de manera sistemática y que no
tiene para nada en cuenta los imperativos de lo cotidiano
o lo imprevisto, aunque en términos absolutos sea
perfecto, se vuelve ineficaz dada su excesiva rigidez.
En una situación de aquiescencia es muy útil
contemplar el "discurso interior", es decir, hablar
con uno mismo. Con esto logramos hacer un alto en el camino,
detenernos en el tiempo. si una persona se para a pensar
que es demasiado perfeccionista, demasiado "organizado",
debe plantearse preguntas como "¿Estoy obligado
a...?. Sí o no, ¿por qué?", "Es
indispensable que yo...?. Sí o no, ¿por qué?",
"¿Es que no tengo derecho a no ser perfecto?",
"¿No tengo derecho a hacer lo que me parece?",
o bien "¿Es que no tengo derecho a perder el
tiempo?".
Se debe uno mostrar firme en lo que uno piensa y en lo que
ha decidido ante un interlocutor que pretende ejercer influencia
sobre uno.
Existe un método que puede resultar muy eficaz frente
a aquellos interlocutores que pretenden influir en nuestras
decisiones, en nuestras posturas, que están decididos
a que, cueste lo que cueste, quieren plegar a los demás
ante sus exigencias, cuando estamos convencidos de que nuestra
decisiones son las mejor tomadas.
Atención, aunque creamos que nuestra decisión
es la correcta, puede que no lo sea, por lo que antes de
tomar una decisión debemos realizar un proceso de
análisis y cotejar distintas posiciones. Quizá
sea bueno abordar el tema de la toma de decisiones en otro
artículo. Pero en el caso que tratamos ahora vamos
a contemplar que una decisión o postura ya está
tomada, suponiendo, además, que es la más
conveniente.
Este método podríamos nombrarlo como del disco
rayado. Utilizando el símil de un disco rayado, la
aguja persiste siempre en un mismo surco y no pasa de ahí.
Salvo que tengamos algún problema de comprensión
musical, cuando aparece un disco con raya, al final desistimos
de escucharlo. Este es el efecto que debemos lograr con
nuestro interlocutor que pretende, bajo cualquier método,
sacarnos de nuestra postura para invadirnos con la suya.
Debemos comportarnos como un disco rayado para que el "pesado"
desista en su intento.
¿Cómo?. sin llegar a repetir exactamente lo
mismo, hay que persistir en la expresión de las propias
ideas y sentimientos, independientemente de lo que se diga.
En la práctica, este método del disco rayado
consiste en tres fases:
- Tomar una decisión.
- No justificarse, ni argumentar, ni defenderse.
- Afirmar siempre, regularmente, de manera incansable, el
mismo punto de vista, el mismo sentimiento, la misma decisión.
Se puede responder a cada "afirmación"
del que trata de convencernos algo como "Puede ser,
pero yo decidí que...".
Pero hay que tener en cuenta que el método del disco
rayado es un método extremo, pero da elementos para
comprender por qué, en algunas ocasiones, uno se
deja convencer de hacer lo que no deseaba.
Este método nos ayuda a encontar elementos que se
adaptarán a nuestra personalidad y a situaciones
que puedan ocurrir en el futuro.
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